martes, 27 de diciembre de 2011

Balance 2011 y propósitos viajeros para 2012

Este año no me puedo quejar porque he hecho más viajes/escapadas de las previstas. En primer lugar, hicimos una excursión de un día a Tarazona de la Mancha y Alarcón, allá por abril, en Semana Santa. En mayo fuimos casi sin pensarlo a Roma y pasamos allí cinco días, incluida visita a la Ciudad del Vaticano. En junio tocó otra excursión de ir y volver: La Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. A finales del mismo mes visité Castalla, un pueblecito de por aquí cerca. En septiembre mi chico y yo realizamos nuestro viaje más largo hasta la fecha; estuvimos diez días haciendo una ruta en coche por Galicia, con paradas en Ávila a la ida, Segovia a la vuelta y excursión de un día a Oporto. En octubre pasamos un fin de semana en Torremanzanas, otro pueblo de la provincia de Alicante. Y para acabar, en noviembre estuvimos con mi suegro en Cheste, viendo las carreras de motos. No está nada mal, ¿no?

Ahora, dentro de muy poco, empieza un nuevo año y, por supuesto, viene cargado de propósitos viajeros. En lo nacional hay dos lugares a los que me encantaría volver, que son Toledo y Belmonte. Y en lo internacional tenemos en el punto de mira Bélgica, con Bruselas y Brujas decidido del todo, y Amberes y Gante no del todo seguro. Ya veremos si se puede, aunque ganas no faltan. Y vosotr@s, ¿qué propósitos viajeros tenéis para 2012?


Imágenes:

sábado, 17 de diciembre de 2011

lunes, 14 de noviembre de 2011

En coche por Galicia 2011 - Capítulo 2: Arrancamos motores y hacemos la primera parada en Ávila

En el capítulo anterior...

DÍA 1 - LUNES 19 DE SEPTIEMBRE DE 2011

El despertador sonó muy temprano, pero esta era una de esas ocasiones en las que da gusto oírlo: nos íbamos de viaje. Las maletas nos esperaban perfectamente hechas (a falta de los cepillos de dientes), el coche estaba reluciente y a punto. Todo preparado para el viaje más largo y con más autonomía de nuestras vidas: atravesar España de punta a punta en coche para hacer rutas por Galicia durante nueve días. Tras un sencillo desayuno y unos últimos retoques al equipaje, cargamos con él y cerramos la puerta de casa por unos días. El coche nos esperaba con el depósito lleno y el maletero vacío, estado que enseguida cambió. Todo a punto: mapa de carreteras en mano, pendrive cargado de música hasta los topes y muchas ganas de viajar. Arrancamos los motores y pusimos rumbo norte. Empezaba a amanecer. Pueblos y más pueblos que quedaban atrás y nos alejaban cada vez más de Alicante.

Queríamos tomarnos el viaje con calma y descansar a medio camino, así que nuestra primera parada era Ávila, ciudad que ninguno de los dos conocía y por lo que resultó ser una buena opción para un alto en el camino. Pasaríamos allí la tarde y la noche y al día siguiente continuaríamos hasta Santiago de Compostela.

Ver De Alicante a Ávila en un mapa más grande

Entre los (excesivos) peajes, las típicas paraditas y el almuerzo (cerca de Madrid), el trayecto duró unas cinco horas y poco. Lógicamente, donde más tráfico encontramos fue bordeando Madrid, pero ya contábamos con ello, así que este primer tramo del viaje salió según lo esperado. Cuando llegamos a Ávila, la ciudad más alta de España con 1.100 metros de altitud, teníamos muy claro hacia dónde dirigirnos porque habíamos consultado un callejero e incluso lo imprimimos, pero de todas formas no había pérdida. Nuestro hotel estaba situado en la Plaza de la Catedral, pegado prácticamente a la muralla, así que bastaba con seguir las muchas indicaciones que señalaban hacia el mayor orgullo de la ciudad. Cuando lo localizamos y vimos que por allí no se podía aparcar, fuimos a dejar el coche a un parking cercano (en el exterior de la muralla). Nuestro hotel disponía de aparcamiento, pero el del parking que encontramos era más económico.

Bueno, el hotel era el Palacio Valderrábanos, que está situado, como he dicho, en la Plaza de la Catedral. Es de cuatro estrellas y la relación calidad/precio es excelente, sobre todo por la situación. Las vistas desde la ventana de la habitación eran sublimes, con la catedral justo al lado. La decoración es señorial, haciendo gala a su nombre. El edificio fue un palacio antiguamente y se construyó en el siglo XIV para defender La Puerta de Los Leales. Lo peor del hotel: el desayuno cuesta 9 € si se va por libre, como era nuestro caso, así que no desayunamos allí al día siguiente. Y el personal era algo seco, pero por lo demás, dormimos muy a gusto, que al fin y al cabo, es a lo que se va a un hotel. ¡Ah! Y estaba todo muy limpio. Para más información: página oficial y ficha en Booking.


Hecho el acto de presencia y dejando unas pocas pertenencias para pasar la noche en la habitación, marchamos a recorrer la ciudad después de comer un ligero menú en el bar de enfrente. Esta es la primera parte del itinerario que hicimos, tomando como punto de partida el hotel:

Ver Recorrido Ávila en un mapa más grande

Lo primero que vimos fue la Catedral del Salvador. No se sabe el momento exacto de su construcción, pero se cree que se inició en 1091. Se empezó a construir en estilo románico, pero con transición ya hacia el gótico, estilo con el que se terminó y con el que se remodelaron muchos elementos hasta hacer desaparecer por completo todo vestigio del románico. Se cree que la catedral de Ávila es el templo gótico más antiguo de España. Al ser de los principios del gótico, resulta identificable pero bastante sencilla para lo que luego fue ese estilo una vez desarrollado, sobre todo en su parte frontal. En el ábside, que forma uno de los cubos de la muralla, se puede observar un estilo más definido, así como en el interior. El horario de visitas es de 10 a 17 (en verano abre durante una hora más) y el precio 4 €.




Vista la catedral, continuamos hacia la Plaza del Mercado Chico, donde todos los días hay mercadillo por la mañana y donde se encuentra el Ayuntamiento, aunque no es el edificio más destacable de la plaza para mi gusto (prefiero el de enfrente): 


Desde la Plaza del Mercado Chico sale una foto interesante:


Continuamos nuestras andanzas callejeando por puro instinto hacia el exterior de La Muralla. Salimos por el Arco del Carmen, que está junto al Parador de Ávila y es una de las nueve puertas con las que cuenta este monumento. La Muralla, cuya función es claramente defensiva, fue construida a finales del siglo XI, aunque se sostiene la teoría de que podría haber sido edificada mucho antes. Su perímetro es de 2.516 metros y sus muros tienen 3 metros de grosor y 12 de altura. Es posible acceder a diversos tramos por el precio de 5 €. El horario es de 10:00 a 20:00 en verano y de 10:00 a 18:00 en invierno y se cierra los lunes, así que nosotros no entramos porque era justo ese día de la semana.

La Muralla ha sufrido numerosas restauraciones a lo largo de su historia y debo decir que se encuentra espléndida y en perfecto estado, muy bien conservada. Es curioso pero, en el siglo XIX, se planteó echarla abajo para que la ciudad pudiera expandirse mejor y no hubiera distinciones entre barrios, pero una fuerte crisis económica impidió que el proyecto se llevara a cabo. ¿Alguien se imagina ahora mismo a Ávila sin Muralla? Me parece una aberración que quisieran destruirla, pero afortunadamente no fue así. En 1884 se declaró a Ávila Monumento Nacional, con lo que la Muralla quedó protegida para siempre. En 1985 la ciudad amurallada fue declarada Patrimonio de la Humanidad.



La verdad es que es preciosa, es uno de esos rincones imprescindibles de nuestro país. Antes de este momento, la había visto una vez de pasada desde el tren y a lo lejos, en otro viaje de hace años a Galicia curiosamente, así que fue muy especial poder llegar a ella por fin, verla de cerca, tocarla... Otra espinita viajera.

Y tras ese momento llegó la hora de hacer algo que me ha dado mucha curiosidad toda la vida: ir a los Cuatro Postes, el mejor mirador de Ávila. Llegar es muy sencillo porque se ve de lejos, pero podéis ver el camino en el mapa de arriba. Desde allí se obtiene una vista general del toda la ciudad amurallada y es una visita casi imprescindible de Ávila. Se dice que fue construido en 1566.



Tras gozar de unas vistas impresionantes de la ciudad, volvimos casi sobre nuestros pasos hacia la Plaza del Mercado Chico. Antes he comentado que en nuestro hotel el desayuno costaba 9 € por persona y eso se salía de nuestro presupuesto, así que fuimos a una pastelería de la plaza que habíamos visto anteriormente y compramos cosas para desayunar a la mañana siguiente. No cayeron las conocidas yemas de Ávila (aunque hice una foto al escaparate), pero llenamos la panza con ensaimadas, torteles de chocolate y un par de zumos, gastando sólo 4 € para los dos.


Tras comprar el desayuno lo dejamos en el minibar de nuestra habitación del hotel y descansamos un ratito, porque el madrugón, el viaje y el paseo por Ávila nos habían dejado un poco mustios. Tras el descanso y una ducha reponedora, salimos a pasear un poquito más, bordeando la Muralla, pero esta vez desde la Puerta del Alcázar. Callejeamos un poco también por la parte interna de la fotificación, pero apenas hice fotos.

Empezaba a anochecer y el hambre llamaba a la puerta, así que buscamos un sitio donde cenar y, tras descartar el restaurante chino La Gran Muralla (qué hábiles), nos decantamos por algo más típico y fuimos a parar al Restaurante Puerta del Alcázar. No cayó el famoso chuletón, no nos encontrábamos con ánimo para tomarlo por la noche, pero creo que lo que tomamos fue más contundente, pues entre otras cosas probamos las patatas revolconas. Habíamos pasado todo el día viendo ese plato anunciado en todas las pizarras de restaurantes y teníamos mucha curiosidad. Por lo visto es muy típico de Ávila, pero nunca habíamos oído hablar de él hasta ese momento. ¡Dioses! Estaba muy bueno, pero no pudimos acabarlo del todo. Si alguien quiere saber como se hacen puede visitar este enlace o este otro. Las nuestras pintaban tal que así:


Al terminar de cenar ya había oscurecido del todo, así que dimos otro paseo para ver la Muralla con su iluminación nocturna, algo que merece mucho la pena.


A esas horas hacía ya un frío de mil demonios y no había un alma por la calle, así que marchamos al hotel a hacer noche. Recordaré toda la vida que nos pusimos a ver una película que estaban haciendo por la tele, una de Bruce Lee y Chuck Norris que no recuerdo cómo se llamaba pero transcurría en Roma. El caso es que no aguantamos ni media hora: nos quedamos fritos. Había sido un día duro y el siguiente iba a ser similar, así que lo mejor era dormir bien.

A la mañana siguiente nos despertamos a las 6, tomamos el desayuno que guardamos en el minibar mientras veíamos las noticias y dejamos el hotel justo cuando comenzaba a amanecer. Las calles estaban mojadas porque las habían limpiado y brillaban todavía con la luz de las farolas y de los incipientes rayos del sol. Seguía sin haber nadie todavía por la calle y Ávila estaba en absoluto silencio. Sentí como si abandonara la ciudad de forma furtiva, en secreto, sólo con el ruido de las ruedas de la maleta sobre los adoquines.

La Plaza de la Catedral vista desde nuestra habitación de hotel al amanecer
Subimos al coche con el siguiente tramo del viaje bien estudiado. Ávila iba cobrando vida y nosotros la dejábamos atrás. Amanecía, la música de John Mayer inundaba el coche y Santiago de Compostela nos esperaba, pero eso será en otro capítulo.

Capítulo siguiente

lunes, 24 de octubre de 2011

En coche por Galicia 2011 - Capítulo 1: Planificación del viaje y datos de interés

DATOS DEL VIAJE

Fecha de salida: 19 de septiembre de 2011
Fecha de regreso: 27 de septiembre de 2011
Ruta: Salida de Alicante. Parada en Ávila para hacer noche. Después tres noches en Santiago de Compostela y recorridos por las Rías Altas. Luego tres noches en Pontevedra con recorridos por las Rías Baixas y una excursión a Oporto (Portugal). A la vuelta, parada en Segovia para hacer noche y regreso a Alicante.
Transporte: Seat Ibiza de 2011
Viaje guiado: No
Personas: Toni y Carol


PREPARACIÓN DEL VIAJE

La idea de este viaje surgió hace bastante tiempo. Yo había estado ya dos veces en Galicia antes, una en autobús en viaje organizado, y otra en tren alquilando un coche en destino y explorando todo aquello. Sin duda, la mejor experiencia fue la segunda. Toni también había estado en Galicia, pero de eso hace veintiún años, cuando él tenía cinco. Resumiendo: no se acordaba de nada. Aprovechando que a mi esas tierras me encantan y que él también quería volver, decidimos que las vacaciones de septiembre este año tocaban allí. Primero contemplamos la opción de ir en avión, pero luego pensamos en cómo nos íbamos a mover por allí. Los trenes no llegan a todos los sitios que queríamos visitar y además no queríamos ser prisioneros de ningún horario. Y la opción de llegar en avión y alquilar un coche nos salía muy cara, así que lo mejor era ir con coche propio desde el principio. Nunca antes habíamos hecho un viaje tan largo en coche y nos daba un poco de miedo el cansancio, pero la sensación de libertad, de cruzar el país a nuestro aire, parando donde quisiéramos... no tiene precio. Resulta que los mejores viajes son los que se curra uno mismo con esa emoción de planificarlo todo y luego hacerlo, claro. Son esas las experiencias que te curten. Así que, como no tenemos GPS, cargamos con el clásico mapa de carreteras, consultas a la Guía Repsol y a correr.

LA GUÍA

Indispensable en todo viaje que no sea organizado (método que intento evitar). A mi nunca me falta una. Suelo comprarla con bastante antelación para ir echando un vistazo y, aunque Galicia la conocía bastante bien de antemano, nunca viene mal disponer de una guía de viaje para consultar cosas rápidas (de hecho al final la usamos bastante). En esta ocasión me hice con una guía sencilla de National Geographic. Me declaro fan de las guías de Lonely Planet, pero de Galicia no tienen, así que National Geographic es una muy buena opción. La verdad es que hacen unas guías geniales, con mucha información, mapas, rutas recomendadas (tanto para ir a pie como en coche), datos históricos... Tremendas. La mía tiene unas 270 páginas y la compré en Fnac por 27 €. Aquí tenéis la ficha. Aparte de eso llevábamos un clásico mapa de carreteras de España y Portugal, de esos que se despliegan y son tan incómodos pero que para mí tienen un encanto especial. El nuestro es un Michelín que sale por 6 €. Además, me llevé el ordenador portátil y contamos en todo momento con la inestimable ayuda de la Guía Repsol y de Internet en general para consultar también cosas que no fueran carreteras.


EQUIPAJE

Por primera vez en mucho tiempo nos encontramos sin las normas de las compañías aéreas. Nos dio más sensación de libertad todavía el saber que no teníamos límites, que había todo un maletero de coche esperándonos. Llevamos un par de maletas porque fueron muchos días y la ropa que llevamos era relativamente abrigada, por lo que hacía bastante bulto. También llevamos algo más ligero por si acaso. Al final: una maleta con la ropa y otra más pequeña con las cosas de higiene personal.

CLIMA EN GALICIA

Según mi experiencia personal de anteriores viajes, en agosto suele llover, pero la climatología ya no es lo que era. Nosotros fuimos a finales de septiembre y tuvimos: mucha niebla, poca lluvia y no demasiado frío (muchas veces acabamos sin chaqueta o con algo de manga corta). Hoy en día, si hay algo de lo que no nos podemos fiar, es del tiempo, así que yo soy partidaria de llevar siempre un paraguas y ropa variada. En Galicia suele hacer más fresquete que en Alicante, eso sí, pero septiembre aún es una época de muchos cambios.

ALOJAMIENTOS

En este viaje nos hospedamos en cuatro hoteles diferentes. Los reservamos todos a través de Booking.com. Es una página muy fiable que incluye muchos comentarios de viajeros, lo que resulta muy útil para hacerse una idea. Hay precios de todo tipo y nosotros fuimos buscando los más económicos pero, a la vez, hoteles que estuvieran cerca o en los Centros Históricos de las ciudades. En Ávila por ejemplo estuvimos en la Plaza de la Catedral, en un hotel que nos costó 48 € la noche. No sé si fue suerte, un chollo del momento o qué, pero la relación calidad precio estaba muy bien, teniendo en cuenta la situación del hotel y que tenía cuatro estrellas (había hostales fuera de la muralla por más de 50 €). De todas formas, los hoteles los iré mostrando mejor cuando corresponda; en esta entrada lo que me interesaba poner era el método de reservas, que por cierto, se hacen de una forma muy sencilla en la misma página. Al final, las ocho noches de hotel nos salieron por unos 470 €. No está mal, ¿no?

COMER EN GALICIA

Creo que todos lo sabemos más o menos: pulpo feira, mariscos, pescados, ternera gallega, caldo gallego, empanada, tarda de Santiago, queso de tetilla, albariño... Como siempre, eso es lo que te cuentan, pero hay mucho más. Nosotros probamos las delicias autóctonas, pero también descubrimos un par de taperías de autor a muy buen precio. Y claro, en un viaje de tantos días y con un presupuesto algo modesto no puedes estar con el pulpo feira a todas horas, así que tiramos bastante de menús pero comimos genial a rasgos generales. Si es que en España como en ningún sitio, jeje.

OTROS DATOS

En este viaje pasamos también por Ávila y Segovia e hicimos una excursión de un día a Oporto. Todo eso ya lo iré detallando, pero las entradas se van a titular "En coche por Galicia 2011" y luego ya el nombre del capítulo, tanto si es Oporto como si es Fisterra, aunque con la ciudad portuguesa quizá ponga en la pestaña de los índices algún link aparte. Bueno, se acabó de hablar y de adelantar cosas. En el próximo capítulo más y mejor.

lunes, 10 de octubre de 2011

jueves, 29 de septiembre de 2011

Roma 2011 - Capítulo 15: Fin del viaje

DÍA 6 - MIÉRCOLES 11 DE MAYO DE 2011

La noche anterior nos dedicamos a recoger todo en las maletas, cenamos en el hotel y nos preparamos para abandonar Roma, mientras vivíamos esa sensación de "tengo ganas de volver a casa pero al mismo tiempo no" que siempre sobreviene al acabar un viaje. Por la mañana fue a recogernos un conductor para llevarnos al aeropuerto de Fiumicino, al igual que hicimos a nuestra llegada. El hombre nos llevó a ver el Coliseo desde la carretera antes de abandonar la ciudad y luego nos llevó al aeropuerto tras ofrecernos esa despedida de lujo.

Tuvimos que esperar más bien poco para despegar. El único percance fue que al pasar por el detector de metales la policía me hizo abrir el bolso porque decían que veían en los rayos demasiados aparatos electrónicos. Después de asegurarse que sólo era una simple cámara de fotos y un teléfono móvil, me dejaron partir preguntándome a mi misma si aquello era necesario. Normalmente la gente cuando va de viaje se lleva la cámara y el móvil, ¿no? Supongo que por rayos les pareció otra cosa...

En fin, el vuelo de vuelta fue tranquilo porque el cielo estaba muy despejado. Comimos en el avión y llegamos bastante puntuales a Madrid donde, ahí si, tuvimos que esperar hora y media más de lo previsto porque nuestro vuelo llevaba retraso. Vaya novedad, ¿eh? Este segundo vuelo del día también fue tranquilo y aún parecía que estábamos despegando cuando anunciaron que nos encontrábamos llegando a Alicante. En este viaje tampoco nos perdieron las maletas; prueba superada. Fue mi suegro a recogernos al aeropuerto y enseguida llegamos a casa.

Fue un viaje tan inesperado como monumental. Sé que lo que vi en Roma difícilmente se puede encontrar en otro lugar y por mi parte me he quitado una gran espinita. Siempre me quedará el recuerdo de los italianos que no paran de decir "prego" para todo, del día de viento abominable en el Foro Romano, de que en la tele del hotel no había canales españoles y estuvimos viendo la MTV todo el tiempo (¡tengo a Lady Gaga atragantadaaa!)... Pero también fue un viaje muy especial por motivos personales y me alegro de haberlo compartido con la persona con quien lo hice. Me llevo muchas cosas de este viaje: he practicado mi italiano,  he comido pasta y pizza hasta reventar, he pisado lugares milenarios y he visto obras de arte de una belleza excelsa. Verdaderamente Roma es única. Quedamos muy satisfechos con todo lo que he vimos, nos pusimos las pilas y por mi parte no tengo esas ansias de volver de "me ha faltado por ver esto o lo otro". Acabamos rendidos por el calor, las caminatas y los adoquines (tengo ampollas en los pies), pero ha sido un viaje muy bonito.

Gracias por leer la crónica. Nos leemos en próximos viajes.


domingo, 18 de septiembre de 2011

Nuevo viaje

Mañana nos embarcamos en otro viaje, esta vez en territorio nacional: Galicia en coche (detalles a la vuelta). Acabaré la crónica de Roma también después de mi regreso.



lunes, 12 de septiembre de 2011

Roma 2011 - Capítulo 14: Ciudad del Vaticano (II). Basílica y Plaza de San Pedro

Nuestro siguiente objetivo era la Basílica de San Pedro, para lo que tuvimos que pasar por una nueva cola (que daba la vuelta casi a la plaza) y por un nuevo registro. La entrada a la basílica es gratis, pero no la subida a la cúpula, aunque de eso hablaré luego. Esta foto la hice mientras esperábamos y me gusta:


Es una de las muchas estatuas que vigilan desde lo alto de la columnata de la Plaza de San Pedro. Bueno, al fin, después de la cola, que no recuerdo cuánto duró pero fue bastante, por fin pudimos entrar a la basílica, la mayor iglesia cristiana del mundo. Es descomunal, doy fe. Se empezó a construir en el año 1506 sobre las ruinas de la anterior basílica, que se colocó sobre la supuesta tumba del apóstol San Pedro. Hay unas escalerillas para acceder a la tumba, pero los simples turistas mortales no podemos bajar (esto en Santiago no pasa). 


El proyecto inicial se encargó a Bramante y la construcción duró veinte años. 


Lo primero que podemos encontrar al entrar a mano derecha es la fabulosa Piedad de Miguel Ángel. Qué belleza, por favor. Es una escultura de bulto redondo (puede verse desde todos los ángulos) tallada en mármol entre 1498 y 1499. Debemos recordar que en 1972 la Piedad sufrió un atentado. Un ciudadano australiano golpeó con un martillo la escultura, causando graves daños en el rostro de la Virgen. Me pregunto qué tipo de sangre hay que tener para cometer una atrocidad de este calibre. Afortunadamente, la obra pudo ser restaurada con las propias piezas que habían sido picadas y desde entonces está cubierta con un cristal a prueba de balas.




Otras imágenes del interior de la basílica:



Dentro mismo de la basílica hay un pasadizo descendente hacia los sótanos, donde de encuentran los sarcófagos de los Papas. Pero de entre todos los lugares sagrados, ese es lo más, así que no se podía hacer fotos. Al salir de allí decidimos subir a la cúpula, diseñada por Miguel Ángel también. Hay dos formas de subir: una completamente a pie (551 escalones y 5 €) o cogiendo un ascensor que para a mitad de camino, dejando sólo 320 escalones por subir. Esta opción cuesta 7 € y la verdad es que puestos a subir tanto, doscientos escalones más o menos no importan demasiado. De hecho la parte más costosa de subir es la última, que bordea la cúpula por completo y se va estrechando cada vez más hasta el punto de resultar bastante incómoda, aunque a nosotros nos dio por reírnos y preguntarnos si aquello llevaba a algún sitio:


Pues si que llevaba a un sitio. Creo que al más alto de Roma pero es que si yo no me subo a un monumento alto al menos una vez en cada viaje, no me quedo a gusto. Las vistas de la Plaza de San Pedro desde arriba son increíbles:


Pero una de las cosas que más me impactó fue que en la terraza, justo donde para el ascensor ¡hay una tienda de souvenirs!


¿Cómo os quedáis? En fin, después de eso iniciamos el descenso y... algo que casi se nos olvida: la Guardia Suiza Pontificia, conocida por su vistoso uniforme, cuyo diseño es atribuido a... ¡Sí, Miguel Ángel! Es el ejército profesional más pequeño del mundo y cuenta con tan sólo 110 soldados. La Guardia Suiza fue formada en 1505 con el único propósito de proteger al Papa y ahí están, como un atractivo turístico más. 


Este soldado no paraba de reírse porque todo el mundo le hacía fotos. 
Bueno, ya se iba acabando la visita al Vaticano y casi con ella el viaje, así que apuramos una última foto, nos fuimos a comer y regresamos al hotel.


martes, 6 de septiembre de 2011

Roma 2011 - Capítulo 13: Ciudad del Vaticano (I). Museos Vaticanos

DÍA 5 - MARTES 10 DE MAYO DE 2011

Ese fue nuestro último día en Roma dedicado al turismo, porque al día siguiente también estaríamos allí, pero tendríamos un avión de vuelta esperándonos a media mañana. Decidimos dejar la visita a la Ciudad del Vaticano para un día entre semana porque los sábados y domingos hay mucha gente. Sobre todo los domingos, que por regla general el Papa se asoma al balcón a las 12 de la mañana y... no sé, saluda y dice algo, supongo. No visitamos este pequeño estado por cuestiones religiosas, sino artísticas y porque, ya que se está ahí al lado, dentro de Roma, ¿cómo no ir? No cuesta nada. 

Veamos, la Ciudad del Vaticano es una ciudad-estado, el país más pequeño del mundo. Cuenta con 900 habitantes y un 20% de su superficie lo ocupan la Basílica y Plaza de San Pedro. El idioma oficial es el latín y la moneda el Euro. Consiguió su independencia en 1929 y el máximo gobernante es el sumo pontífice, que en estos tiempos que nos ocupan es Joseph Ratzinger, también conocido como Benedicto XVI. Para entrar no suelen pedir la documentación, pero sí hay detector de metales y unas estrictas normas: nada de llevar las piernas ni los hombros al descubierto, tanto hombres como mujeres. Delante de nosotros en la cola había dos chicas con unos ligeros vestidos y la Guardia Suiza les impidió el paso.


La forma más sencilla (y espectacular) de acceder al Vaticano es llegando al Castel Sant'Angelo y continuando recto por la Via della Conciliazione, una avenida de 500 metros que se abrió entre 1936 y 1950 por orden de Benito Mussolini. Esta avenida pertenece a Roma de principio a fin y desde su comienzo se tiene ya una vista general de la Basílica de San Pedro bastante buena, pero lo cierto es que fue construida de un modo muy cruel. En el lugar que hoy ocupa la Via della Conciliazione, antes había viviendas. Básicamente a Mussolini se le antojó abrir la calle y mandó que las echaran abajo, desplazando a los habitantes a las afueras de la ciudad a viviendas de condiciones penosas. Hubo muchas protestas por parte del pueblo, pero creo que todos conocemos la vida y obra de Mussolini, así que sobran las palabras.

Ver Entrada al Vaticano en un mapa más grande


Una vez dentro de este pequeño país (mi sexto país diferente) decidimos ir antes que nada a los Museos Vaticanos porque hay bastante por ver, cierran pronto y la cola casi que llegaba hasta mi casa. El horario es de 9 de la mañana a 6 de la tarde, pero a partir de las 4 ya no dejan entrar a nadie. El precio de una entrada general son 15 € ahora mismo, pero para consultar otras tarifas nos fiaremos de la web oficial. ¿Merece la pena ir? Si (aunque qué va a decir una historiadora del Arte en ciernes). Hay obras muy importantes dentro pero, sin duda, el plato estrella es La Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Pero un momento, vamos desde el principio porque debo decir que los controles para entrar son exhaustivos, por eso las colas son tan largas, porque se entretienen mucho con cada visitante. Recordemos la norma de la ropa, pero también está prohibido entrar con mochilas o bolsos grandes. Da igual que nos registren de arriba a abajo y nos pasen todo por otro detector de metales: con bolsos grandes no se puede entrar y se acabó. No fue nuestro caso porque ya conocíamos el dato de antemano y fuimos ligeros, pero por si acaso, decir que hay taquillas para guardar el bolso o mochila.

En la puerta de los museos. Se me escapó un hombro, pero como ya estaba dentro...
Los Museos Vaticanos son un caos por dentro y, si encima topas con excursiones (de colegios, de institutos, de turistas, de japoneses histéricos...), sólo puedes hacer una cosa: dejarte llevar por la marea. Hubo salas en las que no vimos nada y simplemente nos dejamos arrastrar mientras contemplábamos los ornamentados techos.


Luego había otras salas en las que estuvimos solos y la verdad es que se agradecían esos remansos de paz. Los Museos Vaticanos existen desde el siglo XVI, así que son casi interminables, por lo que decidimos visitar las obras más destacadas. Iba con mucha ilusión de ver el Laocoonte, pero me fue imposible encontrarlo. Entre el agobio por la masificación y lo pésimo de los mapas del museo, no pudo ser. Lo que no nos perdimos (no hubiera tenido perdón) fue La Capilla Sixtina. ¿Qué decir? El curso pasado me salió como pregunta de examen, a desarrollar en un espacio de dos páginas. Estuve allí justo un par de semanas antes de ese examen y supongo que eso me ayudó porque saqué una de las notas más altas desde que empecé la carrera. Eso si que es estudio de campo y, por supuesto, casualidad de que preguntaran precisamente eso. En fin, es impresionante. Se sale de allí con dolor de cuello pero vale la pena. Me sorprendió mucho lo sumamente altos que son los techos. La luz es tenue para conservar mejor la calidad de los frescos, pero se pueden apreciar con todo detalle. Eso sí, es el único lugar del museo en el que no está permitido hacer fotografías. Alguien hizo pero enseguida le llamaban la atención porque la Capilla Sixtina está muy custodiada. Yo no me arriesgué por si luego me toqueteaban la cámara, pero también por respeto. Si es que no, es que no y punto. Así que tiro de Wikipedia para enseñarla por dentro:


La Capilla Sixtina... otro momento especial del viaje. Da pena salir de allí, pero había que continuar. En una de las salas del museo observé que la gente no paraba de asomarse por una ventana con la cámara de fotos, así que para allá que fui. Se sacaba una foto chula de la Basílica de San Pedro:


Bueno, la verdad es que después de esto poco más quedaba por hacer. Este tipo de museos (como el Louvre o el British) no se puede ver del tirón, es imposible. Lo que más mal me sabe de todo es la cantidad de cosas que ha afanado la Iglesia a lo largo de los siglos, pero lo cierto es que hay más de un museo que se abasteció gracias a coger cosas "prestadas" (como el Louvre o el British). Pero desde luego, con tan sólo un 1% de todo el oro que hay en el Vaticano, podríamos alimentar a mucha gente.

Cuando abandonamos el museo lo hicimos por la famosa escalera helicoidal, otra obra de arte sin lugar a dudas.



Al salir de los Museos Vaticanos fuimos a la Basílica de San Pedro, pero eso es otra historia, que hoy ya estoy agotada.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Roma 2011 - Capítulo 12: El Foro Romano, el Palatino y la Columna Trajana

Al salir del Coliseo el hambre empezaba a picar, pero lo cierto es que por allí cerca no hay demasiados restaurantes, salvo alguno de superlujo por estar en el sitio clave de Roma. Lo que sí había (de hecho están por toda la ciudad) era carritos de comida para coger y llevar. La típica furgoneta estilo churrero de fiestas patronales, pero en lugar de churros vendían mini-pizzas, bocatas, bebidas... Esa fue nuestra primera opción, pero nos encontrábamos en medio de las ruinas con más tierra de toda Roma y empezó a levantarse un viento huracanado de órdago. Así pues, como no queríamos comernos un bocata de salami con tierra, marchamos a buscar algún lugar cerrado donde comer. Puede que parezca una burrada por la relativa gran distancia, pero acabamos en el Trastévere comiendo macarrones con tomate. Con las pilas recargadas a causa de los hidratos de carbono, volvimos sobre nuestros pasos hacia el Foro Romano, donde pasamos prácticamente toda la tarde (¡parecía que aquello no se acababa nunca!). ¿Lo mejor? Es el lugar donde nació y creció nuestra civilización y allí estábamos, insignificantes nosotros. ¿Lo peor? Al final comimos tierra, pero sin salami.

Mapa del Foro en la época del Impero Romano. Imagen extraída de Wikipedia
El Foro Romano es la zona central alrededor de la cual se desarrolló la ciudad de Roma. Pero antes de eso esa una zona pantanosa que fue drenada mediante la Cloaca Maxima, una de las más antiguas redes de alcantarillado del mundo.


  
El Foro perdió su uso tras la caída del Imperio y, durante la Edad Media, los edificios fueron quedando enterrados bajo sus propios escombros, algo a lo que contribuyeron numerosos terremotos, además del olvido del lugar. En 1367, el papa Urbano V utilizó los restos del Foro como cantera, usando sus piedras para construir nuevos edificios en el Vaticano. Numerosos artistas empezaron a mostrar su desacuerdo con esa práctica, pero no fue hasta el siglo XVI cuando se empezaron a realizar excavaciones profesionales para retirar los escombros y recuperar el Foro Romano. Esas labores de excavación no finalizaron hasta principios del siglo XX. La historia del Foro Romano es triste, como se puede observar y, personalmente, lo del robo de las piedras por parte de la Iglesia Católica me indigna. Pero afortunadamente aún podemos visitar los vestigios de lo que fue una pequeña gran ciudad.






Lugar donde se colocó la pila funeraria de Julio César tras su asesinato
Como ya comenté en el capítulo anterior, se puede acceder al Coliseo, al Foro Romano y al Palatino por el módico precio de 12 €. La entrada se puede utilizar en un plazo máximo de 48 horas, si mal no recuerdo. El Foro Romano también es una visita obligada en Roma. Estar allí sabiendo que es el lugar donde se forjó toda una civilización de la que hemos heredado mucho más de lo que se cree, pensar que por allí pasearon despreocupadamente personajes ilustres y no tanto, imaginar cómo debía ser vivir en esa época, con todo su esplendor, con esta ciudad en ebullición, en pleno desarrollo... no tiene precio. En nuestro caso fue un tanto molesto el viento y acabamos de arena y tierra hasta las orejas. Además, después de unos días ya pateándonos Roma, el cansancio era visible en nosotros, así que nos tomamos el Foro y el Palatino con calma, viéndolo poco a poco y descansando mucho. Nos gustó mucho estar allí, sobre todo por lo que representa ese lugar, pero sin viento la experiencia hubiera sido más gratificante. Briconsejo: si alguna vez queréis ir al Foro Romano, mirad antes que no haga viento.

Cuando llegamos al Palatino, que está pegado al Foro por un lado y por el otro linda con el Circo Massimo, estábamos completamente derrotados por el cansancio, el calor y el viento. Tal es así que no pudimos verlo entero. Nos dedicamos a buscar lo más destacable y emprendimos el regreso al hotel (con paradita en el McDonalds más cercano a picotear). 

El Palatino es el lugar donde cuenta la leyenda que estaba la cueva donde se encontró a Rómulo y Remo (supuestos fundadores de Roma) y que era el hogar de Luperca, la loba que los amamantó. Quién sabe... Lo más destacable del Palatino es el gran palacio que el emperador Augusto se hizo construir, así como unos baños que aún se dejan ver y un Circo.





Y ya de vuelta vimos de pasada la Columna Trajana, que se encuentra en la Via dei Fori Imperiali. Fue construida hacia el año 114 por orden del emperador Trajano para conmemorar sus victorias contra los dacios. Se compone de dieciocho bloques de mármol de Carrara que hacen que la columa mida treinta metros de altura. En ella están tallados relieves crónicos de estilo cristalino, lo que quiere decir que se presenta una sucesión de distintas escenas sin ninguna separación entre ellas, como si sólo hubiese un cristal.



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